El vino español se hace fuerte en el exterior

En 2017 las ventas aumentaron un 8,6% y alcanzaron los 3.186 millones de euros.

El encuentro con un vino verdejo le cambió la vida a Didier Belondrade, un ejecutivo francés que en los 90 dejó su trabajo en Air France para convertirse en bodeguero en la Denominación de Origen (DO) Rueda. Aunque Francia es una tierra con tradición vinícola, decidió apostar por esa uva autóctona e «impronunciable» de la meseta castellana que lo enamoró desde un principio. «España es un país único. Las variedades de la vid y su geografía le aportan personalidad. No es que sea mejor o peor que Francia, es que es diferente», comenta a EL MUNDO Jean, su hijo y director comercial de la empresa.

España cuenta con la mayor extensión de viñedos del mundo (955.717 hectáreas cultivadas), con una gran variedad de uvas, más de 70 DO y dos Denominaciones de Origen Calificada. Sin embargo, le ha costado alcanzar un buen posicionamiento en el mercado extranjero. La razón: las leyes que tienen que acatar las bodegas y algunos errores cometidos en el pasado.

Sin embargo, esa mala imagen que arrastra el vino español está cambiando. En 2017, el sector obtuvo cifras récord en materia de exportación: superó los 3.186 millones de euros. Y es que, nuestro país vive su segunda revolución vinícola. Hay una nueva generación de enólogos y bodegueros que, con ayuda de sus departamentos de márketing -formados hace poco-, están modernizando las estrategias de promoción y construyendo una marca emocional. «Los vinos españoles están proyectando un componente cultural. Las empresas han vuelto a descubrir un producto que te permite viajar a través de la esencia del territorio», explica en conversaciones con EL MUNDO Andreas Kubach, Master of wine con 20 años de experiencia en la dirección de bodegas.

El Grupo Vintae es ejemplo de esa nueva apuesta. Esta compañía nació en 2006 con la ilusión de «revolucionar el mundo del vino». Su misión es «acercar la magia del producto al consumidor del mundo entero, defendiendo y explicando la historia desde el paisaje y la tradición, hasta la forma de hacer el vino».

Hoy, para España la competencia es más fuerte. Ya no es sólo con Francia e Italia. Ahora se suman Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica. Por ello, las bodegas están utilizando un tipo de comunicación basada en la diferenciación.

En Estados Unidos -uno de los principales importadores de vino español- esta nueva forma de comunicar está dando resultados. En 2016 la bodega La Rioja Alta consiguió el cuarto lugar en la lista de preferencias internacionales de los consumidores en los mejores restaurantes del país norteamericano. Es el puesto más alto que ha obtenido España en los 27 años de historia de la revista Wine & Spirits. «Muchos americanos disfrutan del vino español. Les gusta por su sabor y la cultura que tiene. Algunos estadounidenses que han viajado o estudiado en España los compran constantemente», explica a EL MUNDO, Lauren Ray, estratega comercial de la DOC Rioja en Estados Unidos.

Las bodegas españolas están utilizando el relato para llenar de contenido su marca e involucrar al consumidor. Han notado que el cliente quiere cercanía con el producto que compra. A través de sus etiquetas -igual para todos los destinos- y sus promociones -adaptadas al mercado- buscan contar una historia. Ramón Bilbao, presente en 56 países, lo está haciendo con un proyecto que consiste en relatar la leyenda de su fundador. Una de sus obsesiones era el transporte de la uva desde el campo hasta la bodega. Su interrogante era cómo la vid podía llegar más rápido y en mejores condiciones. «Nosotros hemos interpretado esa inquietud y en todas las etiquetas hay elementos donde el personaje, en sus ensoñaciones, define cómo le hubiese gustado que fuese ese traslado», explica Carmen Giné, directora de márketing global de vinos de Zamora Company, grupo al que pertenece Bodegas Ramón Bilbao.

Para las corporaciones más nuevas como Belondrade, el relato les ha sido útil para darse a conocer. «Nos enfocamos en despertar emociones, a través de nuestra historia». La Rioja Alta, presente en el sector desde 1890, también se ha adaptado a los nuevos clientes sin dejar a un lado su imagen: «un vino que transmite placer, sensibilidad, disfrute y respeto por la tradición».

Ahora, las compañías vinícolas utilizan las redes sociales y plataformas como Youtube para dar a conocer sus productos. La propuesta de Vintae, por ejemplo, es 100% millennial: vídeos cortos, fotos y frases breves donde se muestra el trabajo que hay detrás de una copa de vino. En su web publican imágenes que reflejan cómo los enólogos de la marca se divierten en el proceso de elaboración. Su objetivo es enviar el siguiente mensaje: «Hacemos vinos para que la gente disfrute bebiéndolos». Además, tienen un portal, VinopediaTV, en el que profundizan en otros aspectos sobre el vino.

Fuente: El Mundo