EN RECUERDO DE PEDRO GUTIERREZ PULIDO

Hace unos días nos ha dejado Pedro. Yo asistí a su entierro con el corazón encogido. No recuerdo que me haya pasado esto otras veces. Es que han sido muchas las vivencias que hemos tenido juntos. La mayoría profesionales, pero no solo.

Yo le he valorado mucho; creo que ha sido uno de los profesionales más completos que he conocido y además una gran persona.

Llegó a Albacete un poco después que yo. Vino a verme a la oficina del Servicio de Conservación de Suelos donde yo trabajaba. Creo que fui el primer compañero que fue a visitar. ¿Te acuerdas de mí? Soy el sobrino de Antonio. Antonio Gutiérrez había sido profesor mío en la preparación del ingreso a la Escuela de Ingenieros Agrónomos. Uno de los mejores profesores que recuerdo. El iba al Catastro donde sería Jefe del mismo a partir de la jubilación de Gabriel Candela.

Tuvo una pequeña incursión en la política, creo que con la U.C.D., me parece que no le resultó muy gratificante.

Hicimos muchas cosas juntos. Durante cinco años compartimos el despacho trabajando libre como Agrónomos. Aprendí mucho con él. Hicimos muchos proyectos en Albacete y sus alrededores, pero también fuimos a Argelia que en aquella época solicitaba colaboraciones técnicas de agrónomos españoles. Fue una experiencia muy interesante.

Años más tarde fue cesado, de forma muy injusta a mi entender, como Jefe de Catastro y apartado de responsabilidades importantes en ese Centro.

En aquella época, en la Junta Central de Regantes yo  conocí y trabajé con su hijo Fran. Había heredado muchas de las virtudes de su padre, y desarrollaba allí y lo sigue haciendo, una labor impagable.

Le pedí a Pedro que entrara como profesor asociado en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Albacete de la que yo  entonces era Director.  Fue un gran profesor. Me da gusto oír cómo le recuerdan los alumnos. Estuvo allí hasta su jubilación.

Después surgió la enfermedad. Lucho como un jabato contra ella en los siete años que duró. Contó siempre con el apoyo sin límite de su mujer, María José, y de Fran. También le ayudaron muchos amigos que le querían.

Era un ejemplo para todos. Le encantaba reunirse con nosotros en las comidas que organizábamos un pequeño grupo de profesores de la Escuela, la mayoría ya jubilados. A la última no pudo venir.

Dondequiera que estés, descansa en paz Pedro, y recibe un fuete abrazo de tu buen amigo.

Francisco Martín de Santa Olalla.