Fondos soberanos, un nuevo fenómeno en la economía agraria mundial

Por JAIME LAMO DE ESPINOSA. Director de Vida Rural

Querido lector:

Desde hace décadas hablamos y escribimos sobre un mundo globalizado. Usábamos primero esta expresión para la economía y los intercambios culturales. Más tarde se generalizó a otros ámbitos. Pero, hace unas semanas, se nos ha recordado a todos, algo que ya sabíamos, que también el terrorismo se ha globalizado, que la amenaza del terror golpea en Nueva York, Madrid, París o Bruselas, matando e hiriendo a cientos de inocentes sin razón alguna. Tan solo, la simple y terrible coincidencia de lugar y tiempo con la presencia de aquel al que solo le anima la muerte, el odio y la venganza.


Vaya hoy hacia todas las víctimas nuestro dolor y nuestro sentimiento. También al conjunto del pueblo belga. Y a nuestros gobernantes, nuestra petición de que sean capaces de organizarse internacionalmente para una lucha, una guerra, que ya ha comenzado y que requiere de valor, unión e inteligencia concertada.

Pero si comencé estas líneas hablando de globalidad no fue, solo, por este horrendo suceso, sino porque hoy, todo lo que rodea la agricultura, está inmerso en la globalidad y, a veces, parece que no somos conscientes de ello. Nada hay más global hoy que los mercados de materias primas y los financieros. Y hace años, cuando la crisis de precios agrarios incendió los mercados alimentarios (2008 y 2011) y produjo la llamada Primavera árabe, que tanto afectó al norte de África, algunos miramos con preocupación hacia los mercados financieros y hacia los futuros de las commoditites.

Y llamamos la atención sobre el hecho de que el mundo financiero había descubierto un nicho nuevo, poco explotado antes, pero donde los recursos mundiales acudirían en tropel para tratar de obtener los máximos dividendos. Y advertimos que, pronto, nuevos fondos apostarían por tierras productivas, por vetas hidráulicas con las que regar aquéllas, en suma por el trinomio de la eterna escasez: agua-tierra-alimentos.

Pues bien, aquella predicción ha venido cumpliéndose de modo acelerado. Son ya muchos los inversores institucionales (fondos de inversión, compañías de seguros, hedge funds, fondos de pensiones, fondos soberanos, etc.) que intervienen en los mercados agroalimentarios tratando de elevar sus beneficios más allá de lo habitual en los mercados tradicionales.

A esta realidad nos acaba de trasladar un muy interesante, documentado y actual trabajo, firmado por Marc Garrigasait (presidente y director de Panda Agriculture & Water Fund, primer fondo de agricultura en España y primero europeo que incorpora el agua), titulado “La geopolítica de la agricultura y los fondos soberanos”. Fondos soberanos sobre los que ya nos advirtió de su trascendencia el eurodiputado y ex ministro de Agricultura italiano, Paolo de Castro, en sus libros “Hambre de tierras” y “Comida, un desafío global” (Ed. Eumedia. 2012 y 2015).

Garrigasait nos recuerda –aquí se ha escrito muchas veces– que estamos ante un incremento exponencial de la demanda de alimentos, fruto del crecimiento de la población, del aumento de la renta per cápita y de la occidentalización de la dieta, así como de la introducción de los biocombustibles.

Ello ha llevado a muchos poderosos Estados del mundo a convertirse en fuertes importadores netos de alimentos. Los países del Golfo Pérsico, China, India, Reino Unido, etc., mantienen grandes saldos negativos en sus balanzas comerciales agrarias. Y la demanda mundial de alimentos, según FAO, crecerá entre un 50 y un 70% hasta 2050. Porque, en resumen, hay dos zonas del mundo claves en el apartado de seguridad alimentaria: los países del Golfo por un lado y los países del continente asiático. Frente a los cuales se alzan los grandes productores mundiales: Latinoamérica (con Brasil y Argentina a la cabeza), Estados Unidos y Canadá, junto a la Unión Europea.

Esta es la razón por la que la presencia de los “fondos soberanos” se va ampliando día a día en estos mercados. Están ahí, pero apenas si se publican datos sobre ellos. Y están ahí con una, cada vez, más fuerte intervención en los mercados de tierra, aguas –sí, aguas–, y alimentos. Mención especial merecen –y así nos lo recuerda Garrigasait– la Saudi Agricultural and Livestock Investement Company (SALIC), creada en 2011 por el Gobierno saudí para intervenir en agricultura; también Hassad Food, exclusivamente consagrado a la agricultura, cuya finalidad es garantizar la seguridad alimentaria de Qatar; o la sociedad de inversión Al Ain Holding de Abu Dabi; o el Nigerian Sovereign Investment Authority (NSIA) creada en 2012, o, aunque de naturaleza bien diferente, el Government Pension Fund Global de Noruega, el mayor fondo soberano del mundo, con 896.000 millones de dólares que destina en un 5%, aproximadamente, a su cartera de alimentación.

Y en junio de 2014 China anunció fuertes inversiones agrarias en el mundo, lo que es lógico puesto que China tiene muy poca superficie cultivable frente al 20% de la población mundial que deben alimentar. Por cierto, Ding Xuedong, chairman de dicho Fondo y que fue director del Departamento de Agricultura en el Ministerio de Finanzas, fue quién publicó la carta en Financial Times anunciando que dicho Fondo Soberano (CIC) iba a invertir en agricultura.

Muchos de estos fondos soberanos son totalmente opacos (por ejemplo casi todos los de los países del Golfo o muchos asiáticos como China). Por el contrario, el más transparente es, sin duda, el Fondo Soberano de Noruega, creado a partir de las reservas de divisas acumuladas de los superávits por exportación de petróleo. Y es que más de la mitad de tales fondos se origina por los superávits en exportaciones de petróleo. Y un dato final, significativo en esta coyuntura, el 46% de los 7,1 trillones de dólares está en manos de países de mayoría musulmana.

Estos fondos son gestionados con criterios de maximizar la rentabilidad y como instrumentos de geopolítica. Ningún fondo soberano (SWF) tiene un enfoque de invertir en un único sector (y por tanto ninguno invierte solo en agua o agricultura). Las compras de tierras directas, al ser una temática muy delicada, es de las menos transparente e intuyo que se usan más por empresas semipúblicas que vía fondos soberanos.

Estos ejemplos evidencian una realidad imparable. La seguridad alimentaria se ha convertido en uno de los principales objetivos de aquellas naciones que carecen de base estructural – tierras, aguas, etc.– para satisfacer sus demandas alimentarias crecientes. Y están dispuestos a asegurar –a través de sus nuevos fondos, nutridos por sus otras riquezas, petróleo, minerales, energía, etc.–, sus necesidades y, al tiempo, su estabilidad política.

Hoy tales fondos soberanos solo invierten en agricultura un 1% de sus recursos, unos 60.000 millones de dólares, pero se estima que pronto alcanzarán cifras que multiplicarán por cuatro la anterior, unos 240.000 millones. Y son fondos que no buscan una rentabilidad inmediata, buscan, sobre todo, la seguridad alimentaria de sus países.

Y en dicha búsqueda, tal vez, si fueran capaces de concertarse –como la OPEP en el petróleo– podrían inducir grandes variaciones de precios que acabarían afectando a los precios de los alimentos vegetales y animales a nivel mundial. Y tendrían una presencia decisiva en la agricultura de los países emergentes, que es donde prefieren localizar sus inversiones.

Dada su trascendencia será necesario seguir vigilando este nuevo fenómeno de la economía agraria mundial que puede afectar, y en mucho, a la europea y a la española.

Un cordial saludo

 

Fuente: Vida Rural